Divorcio a la vista

Una mala relación de pareja puede convertirse en uno de los momentos más difíciles en la vida de una persona. Las decisiones que se adoptan cuando todo va mal son determinantes para el nuevo horizonte al que se enfrenta esa persona cuando pasa la tormenta. Es muy importante contar con un buen asesoramiento en esos momentos tan difíciles para saber dónde estamos, dónde queremos ir y qué pasos tenemos que dar para conseguirlo. Lo primero que hay que tener en cuenta, es el momento en el que debemos ponernos en contacto con un abogado especializado en derecho de familia. No todas las discusiones acaban en ruptura. Es normal discutir, podemos decir que es, incluso, sano. Pero por mucho que nos queramos engañar, todo el mundo sabe cuando las cosas no van bien y cuando se va a romper la cuerda. Hay mucha gente que se adelanta a ese momento en que ya no hay marcha atrás. El conocimiento es poder, está claro y la sociedad cada vez nos pide más estar preparados para todo lo que pueda venir. En estos casos, lo habitual es que visites a un abogado de familia para informarte porque la relación de pareja no va bien. Este tipo de reunión informativa se denomina consulta y suele tener un coste que ronda los 60,00 € más IVA. En ella, se analiza la situación concreta y se proporciona información al respecto, anticipándonos a lo que pueda pasar. ¿Todos las rupturas / divorcios /separaciones son iguales? Rotundamente, no. Y tampoco se deben tratar igual. No es lo mismo la forma de proceder cuando tenemos hijos a cuando no les hay. Tampoco se le da el mismo tratamiento cuando la pareja está casada a cuando no lo está. Aunque a efectos prácticos los resultados puedan ser muy similares, jurídicamente no tiene nada que ver una situación con otra. Es más fácil y tiene un menor coste emocional, gestionar un divorcio o separación de una pareja sin hijos, puesto que los puntos sobre los que tienen que ponerse de acuerdo son menos conflictivos, básicamente, disolver la sociedad de gananciales si la hubiera, o en caso de separación de bienes, repartir los bienes que se hayan adquirido en común. Es más una cuestión económica que otra cosa. Mi relación es tóxica. ¿Me divorcio? ¿Me separo? Otras veces, el nuevo cliente sabe que no quiere seguir como está, pero no sabe qué tiene hacer, ¿cuál es el siguiente paso? Desde mi experiencia profesional puedo afirmar categóricamente que lo mejor en estas situaciones es intentar solucionar la situación del modo más amistoso que sea posible. Y también con rapidez. Conseguir gestionar la difícil situación originada por un divorcio desde un mutuo acuerdo es la solución más acertada a la que podemos aspirar. En un mutuo acuerdo, las partes deciden lo que quieren hacer, sin que les llegue una solución impuesta por un tercero. Al igual que en un proceso de mediación familiar, van a ser las partes las que deciden las medidas que quieren acordar para regular esta nueva situación. Esto nos afecta sobre todo cuando hay hijos menores comunes. ¿A qué medidas me estoy refiriendo? Pues a todas aquellas que tengan que ver con los niños: régimen de custodia, régimen de visitas, vacaciones, pensión de alimentos, gastos extraordinarios, cargas del matrimonio, … Lo ideal es preparar un plan de parentalidad regulando todo ello. Es muy difícil escribir un artículo tan generalista como este, para poder dar unas pinceladas básicas del procedimiento, cuando se deben abarcar situaciones tan diversas. Dejo abierta la puerta a futuros artículos sobre temas más concretos relacionados con esta materia. Una novedad reciente es la elaboración de convenios en relación a animales domésticos. Poco a poco se les va reconociendo su sitio en la sociedad y en estas situaciones, no hay que olvidar que no dejan de formar parte de la familia y una parte importante. En resumen, es fundamental contar con el apoyo y asesoramiento de un especialista en derecho de familia al enfrentarse a momentos duros en la vida de una persona. Si estás leyendo esto y te encuentras en esta delicada situación, no dudes en ponerte en contacto conmigo (trabajo en todo el territorio nacional) para que juntos busquemos la mejor solución para lo que estás viviendo.
Un nuevo comienzo.

Después de muchos años de práctica jurídica, de muchas experiencias detrás de la mesa del despacho, acompañando a clientes, resolviendo consultas, defendiendo intereses en el Juzgado, y, también, cómo no, al otro lado del monitor, escribiendo artículos en distintos blogs jurídicos, aprovecho el comienzo de 2024 para desearos un Feliz Año Nuevo y para invitaros a este nuevo proyecto, en forma de blog, donde intentaré arrojar algo de luz a los distintos asuntos que vayamos abordando. Como algunos ya sabréis, soy licenciada en Derecho por la Universidad de Valladolid en la promoción 1.999-2.004. Desde que terminé la carrera, siempre me he dedicado a la abogacía con auténtica devoción, ya que me encanta esta profesión. Como en todo, pasas momentos buenos, momentos malos, muchas veces puedes incluso plantearte tirar la toalla y dar un giro total, pero pesa más lo positivo y aquí sigo, casi 20 años después de que comenzase todo. Aunque habitualmente “toreo” en una plaza pequeña, Palencia, porque es donde tengo el despacho físicamente abierto, los abogados tenemos un ámbito de trabajo nacional, no estamos cerrados a los clientes de la localidad donde tenemos la oficina y las nuevas tecnologías implementadas en el despacho permiten que tengamos una ventana al mundo. Lo que sí que nos limita o nos hace crecer, depende por donde se mire, yo me quedo con que nos hace crecer, es la especialización. Cuando acabas la carrera, eres un abogado generalista, sabes de todo y no sabes de nada. Siempre hay unas materias que te atraen más. En mi caso, el derecho civil. Desde el principio me he centrado específicamente en las materias que abarca esta rama del derecho (sucesiones, familia, arrendamientos, propiedad horizontal,…). Dentro del derecho civil, el derecho de familia es apasionante y las posibilidades de ayudar a las personas en situaciones difíciles son innumerables. En divorcios y separaciones, hay que saber gestionar sentimientos para no perder de vista el objetivo profesional, lo que me llevó también a formarme como mediadora familiar, con el gran abanico de posibilidades que ofrece la mediación. Muchas veces te preguntan: “¿tú que llevas?”. Antes contestaba: “derecho civil“. Pero me empecé a dar cuenta, que si no estás familiarizado con el lenguaje jurídico, es mejor ser más concreto y cambié la respuesta por: “divorcios, separaciones, medidas concretas relativas a hijos comunes, reclamaciones entre vecinos, Comunidades de Propietarios, desahucios, arrendamientos rústicos y urbanos, de vivienda y de locales de negocios, reclamaciones frente a los bancos, herencias, accidentes de tráfico, reclamaciones frente a seguros… y si tienes dudas pregunta, porque igual también te puedo ayudar“. Siempre intento minimizar el abismo que puede abrirse entre la vida real y el derecho. Cuando alguien se pone en contacto conmigo porque tiene un problema, ya tiene bastante con su problema, como para que tratar con el abogado sea otro problema. Por eso desde el respeto, desde la confidencialidad, me parece fundamental trabajar la relación de confianza con el cliente, con cercanía y transparencia. Son los valores fundamentales sobre los que he construido toda mi labor profesional y, en definitiva, los pilares de mi despacho. Con esta presentación, os invito a embarquéis conmigo en esta nueva aventura, no sólo leyendo o dejando vuestros comentarios, sino que podéis remitirme por email algún tema concreto que queráis que tratemos en alguna de las futuras entradas del blog. Gracias por llegar hasta aquí y ya sabéis donde encontrarme.